ARATIRÍ: una historia esperanzadora

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Recientemente el equipo de científicos del Proyecto Yaguareté (CeIBA-IBS) filmó con sus cámaras-trampa un yaguareté alimentándose de un tapir en el Parque Nacional Iguazú. Se trata de Aratirí, un imponente macho conocido por los expertos del proyecto desde el año 2010.
En la mañana del 13 de octubre, los investigadores del Proyecto Yaguareté fueron avisados por el Cuerpo de Guardaparques del Parque Nacional Iguazú del hallazgo de un tapir muerto en el área protegida. Las marcas de dientes en el cráneo del animal y los rastros de huellas indicaban que se trataba del ataque de un gran felino, por lo que los científicos colocaron cámaras
trampa para filmar y fotografiar al depredador. Para los investigadores, las imágenes obtenidas son de gran importancia, ya que a partir del patrón de manchas –único para cada individuo- el animal puede ser identificado y de esa forma es posible seguirlo en el tiempo, saber cuánto vive y por dónde se mueve.

La gran sorpresa llegó al revisar los videos filmados por las cámaras. El yaguareté que había cazado el tapir era Aratirí (‘relámpago’ en guaraní), un macho de alrededor de 90 kg. La historia de este individuo es muy interesante, fue fotografiado por primera vez hace cinco años en la propiedad de una familia de productores que había sufrido un caso de depredación de ganado. En ese entonces, las cámaras trampa habían registrado dos yaguaretés en la zona, siendo Aratirí uno de ellos. La familia de ganaderos nunca quiso tomar represalias contra los yaguaretés, a pesar de las ofertas y sobornos de cazadores furtivos para que les permitieran cazarlos. Por el contrario, ellos se encargaron no sólo de mejorar su infraestructura para proteger su ganado, sino también de proteger a este yaguareté, dándole la oportunidad de encontrar un lugar para vivir. A las pocas semanas, los ataques al ganado cesaron.

En el año 2012 y luego en el 2014, Aratirí fue registrado por las cámaras trampa, esta vez dentro del Parque Nacional Iguazú. Los nuevos registros dieron la oportunidad de crear un concurso escolar para bautizar a este individuo, a raíz de un taller de educación ambiental que tuvo lugar el pasado mes de junio. De hecho, fueron los alumnos de la escuela Nuestra Señora
del Carmen de Iguazú quienes lo bautizaron como Aratirí a este hermoso animal.

La historia de Aritarí es esperanzadora para la especie. Nos muestra que si le damos una oportunidad al yaguareté, es posible que podamos seguir gozando de su presencia en nuestras selvas. Seguiremos así teniendo un ambiente saludable en donde el yaguareté cumple un rol fundamental como su máximo depredador.
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